Crecer es dejar atrás algo a lo cual estuvimos apegados y de lo cual nos cuesta desprendernos, es atrevernos una vez más y estar dispuestos a ser diferentes de lo que fuimos ayer, es desarrollarnos y evolucionar desde adentro.
Cuando decidimos cambiar una actitud negativa, estamos creciendo.
Cuando decidimos corregir un error, estamos evolucionando.
Cuando dejamos de hacer algo que nos empequeñece, estamos desarrollándonos.
Todos los días la vida nos presenta oportunidades de crecer.
Para proyectarse en el tiempo como algo duradero, este cambio debe ser paulatino consciente y constante.
Observemos a la naturaleza, y más particularmente a los árboles: en otoño pierden su follaje y se liberan de la carga innecesaria, recogiéndose dentro de sí para recibir el invierno. Por fuera, parecieran no tener vida, pero preparan sus raíces para que en la primavera sus ramas puedan ver surgir los primeros brotes, dando lugar a las hojas y luego los frutos del verano. Si logramos desprendernos de esas hojas que no necesitamos mientras desarrollamos nuestra esencia, también podremos dar frutos y cambiar.
Seamos como el aguila que una vez cuando haya llegado su tiempo de vida, rejuvenece nuevamente para segir adelante con nuevas fuerzas. Cuando te encuentres cansado y desanimado, Dios nos da la oportunidad de renovarnos, de "rejuvenecernos como el águila"
«Corramos el riesgo de equivocarnos, y no cometamos la equivocación de no arriesgarnos». «No tengas miedo de arriesgarte a lo nuevo, ten miedo de estancarte y no hacer nada»
Cuando decidimos cambiar una actitud negativa, estamos creciendo.
Cuando decidimos corregir un error, estamos evolucionando.
Cuando dejamos de hacer algo que nos empequeñece, estamos desarrollándonos.
Todos los días la vida nos presenta oportunidades de crecer.
Para proyectarse en el tiempo como algo duradero, este cambio debe ser paulatino consciente y constante.
Observemos a la naturaleza, y más particularmente a los árboles: en otoño pierden su follaje y se liberan de la carga innecesaria, recogiéndose dentro de sí para recibir el invierno. Por fuera, parecieran no tener vida, pero preparan sus raíces para que en la primavera sus ramas puedan ver surgir los primeros brotes, dando lugar a las hojas y luego los frutos del verano. Si logramos desprendernos de esas hojas que no necesitamos mientras desarrollamos nuestra esencia, también podremos dar frutos y cambiar.
Seamos como el aguila que una vez cuando haya llegado su tiempo de vida, rejuvenece nuevamente para segir adelante con nuevas fuerzas. Cuando te encuentres cansado y desanimado, Dios nos da la oportunidad de renovarnos, de "rejuvenecernos como el águila"
«Corramos el riesgo de equivocarnos, y no cometamos la equivocación de no arriesgarnos». «No tengas miedo de arriesgarte a lo nuevo, ten miedo de estancarte y no hacer nada»
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